

Curiosidad
De pequeña era de esas niñas "impertinentes" que se pasan el día con el "¿Y por qué?" en la boca, la verdad es que con el tiempo no he cambiado demasiado, pero sí que he aprendido a resolver mis inquietudes por mí misma y, en la medida de lo posible, sin estorbar mucho al resto. Aunque, la verdad, si alguna vez trabajas conmigo podrás descubrir por ti mism@ que nunca cometeré un error por falta de información o por no saber cómo hacer algo. Prefiero pecar de curiosa que de muda, y oye, cómo a mí me enseñaron, "el que tiene vergüenza, ni come ni almuerza".
Así que yo vergüenza, poca. De hecho creo que la poca vergüenza tiene mucho que ver con la curiosidad. Es decir, no es que alguien tímido no pueda ser curioso, claro que sí, pero a medias. El curioso tímido, probablemente, se sentirá más cómodo saciando su sed desde la comodidad del hogar. Ser curioso para mi es algo que escapa de lo puramente teórico, de la investigación, de los libros e incluso de lo que te pueda ofrecer internet (que no es poco).
Los curiosos desvergonzados somos de otra pasta, nuestra sed de saber no se queda solo en todo lo anterior. No nos basta con ser curiosos en la intimidad, necesitamos serlo en cada rincón de nuestras vidas: en el cómo y por qué de las cosas, en la aventura de emprender, en el conocer nuevos lugares y personas que enriquezcan tu vida, en el maldecir no poder vivir mil años más para descubrir todas las cosas nuevas que traerá consigo el futuro, e incluso en los viajes en metro o en la compra en el súper. Es una sed de saber de todo que nunca se sacia, el curioso desvergonzado, jamás está satisfecho, pues sabe que ahí fuera SIEMPRE le quedará algo por descubrir.
El curioso del que te hablo es esa persona que alza la voz en mitad de una sala repleta de gente para formular la pregunta que le lleva atormentando desde que la conferencia o la clase empezó, porque de ninguna de las maneras se iría a su casa con esa duda sin resolver. Son las personas que, pese a las adversidades, nunca se rinden, pues saben que todo tiene solución y que solo es cuestión de encontrarla. Es ese amigo que, tras toda su vida observando a la gente, sabe con solo mirarte no solo si has discutido con alguien, sino también si con la que has discutido ha sido tu madre o si el que te está dando el día es tu novio. Y eso, en publicidad, tiene un gran plus: nos otorga la capacidad de saber cómo conectar con nuestro público.
Para el curioso desvergonzado, de la misma manera que el creactivo con la creatividad, la curiosidad se convierte en un rasgo de su personalidad imposible de hacer desaparecer, algo que le acompañará hasta el último de sus días cuando suelte su último aliento, satisfecho por saber, al fin, qué se siente al estar muerto.