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Copywriting

Posiblemente, mi recorrido más reciente en este ámbito sea el que más os interese, por ello en este caso vamos a empezar por el final:

 

Durante mis 4 años en la Universidad hice dupla con otra copywriter, por lo que las dos nos vimos “obligadas” a danzar entre los artes y los copys para obtener un buen resultado en nuestros trabajos prácticos. Solía decir que éramos una duplita coja pero cojonuda. Lo cierto, es que esta situación nos brindó la oportunidad de aprender mucho sobre la parte visual de las campañas.

En Zink Project encontré a mi dupla actual, un arte de pura cepa, por lo que actualmente me centro principalmente en la parte conceptual y de redacción. Aún no he conseguido dejar atrás mi bisexualidad creativa, por ello sigo trabajando la parte de arte en algunas campañas.

 

Hacia la mitad de mi etapa universitaria entré en el Observatorio Beyond The Line de la UCH CEU donde, entre otras cosas, escribí mis primeros artículos sobre el sector publicitario y redacté mis primeros reportajes sobre las conferencias y eventos a los que asistíamos. 

Llegó el verano y decidí que no quería pasar las vacaciones en standby, como no encontré ningunas prácticas, decidí presentarme al equipo de Roastbrief, quienes tras leer mis artículos y algún ensayo académico, decidieron darme la bienvenida al barco. Acordamos que publicarían mis artículos semanalmente, y ya va más de dos años desde entonces.

 

Podréis leer todos esos artículos en el apartado portfolio, pero ahora volvamos a lo que nos ocupa. ¿Cómo supe que lo que me apasionaba era la creatividad y la redacción publicitaria?:

 

Lo cierto es que desde que tengo uso de razón me han encantado los cuentos y las historias. Y no solo oírlos y leerlos, sino también inventarlos y contarlos. Cuando con 6 añitos entré en primaria, un mundo nuevo se abrió ante mis ojos: todas esas letras que habíamos estado aprendiendo en preescolar, ahora  se utilizaban para formar sílabas, y con ellas ¡palabras! Palabras con las que podría plasmar todo un mundo de fantasía que siempre había habitado en mí.

 

Al tiempo, me hallaba ante mi primera redacción: debía consistir en un cuento navideño con moraleja. Evidentemente, no recuerdo a la perfección cada palabra, pero el que me conozca podrá aseguraros con certeza que mi irrefutable memoria me capacita para recordar de qué trataba, aunque hayan pasado muchos años y páginas escritas desde entonces.

 

Lo realmente importante de ese día es que, desde entonces, me convertí en esa niña de corta edad que cuando quería regalar algo a su familia, les escribía una carta y conmovía a todos haciendo que sus ojos se llenasen de lágrimas, que reunía en corro a sus primos para contarles historias de terror, de aventuras, o de lo que ellos quisiesen y que se inventaba las mejores trolas para dejar a la altura del betún el fin de semana de sus amigas.

 

Además, disfruté siendo esa otra niña con la que los demás querían estudiar, porque siempre me dedicaba a leerlo y entenderlo todo tranquilamente para después contárselo al resto como si de una historia majestuosa se tratase, como si fuese el argumento de una película que acabase de ver.

 

Cuando yo tenía 8 años, otro acontecimiento marcó mi vida y mi pasión por la escritura. llegó un día en el que mi mamá se fue de viaje y nunca volvió, la carretera es una perra sin escrúpulos a la que hay que tener mucho respeto. Y ahí fue cuando realmente nació la escritora (en el sentido más puro de la palabra: "persona que escribe") que hoy soy, porque no tenía ganas de hablar, pero sí de escribir. Y escribía mucho, o más bien, había pocas cosas que no escribiese. La escritura se convirtió en una vía de escape que me permitía expresarme y entenderme a mí misma.

 

Pasado el luto, seguí escribiendo por todo: escribía recetas ingeniosas que poco tenían que ver con gastronomía, poesías, pensamientos sin más, canciones, cartas, quejas, cuentos para mis primos… Me gustaba aprender nuevos formatos literarios en el cole y luego disfrutar jugando con ellos en casa.

 

Fui creciendo y rellenando libreta tras libreta, historia tras historia, a veces de manera más personal y otras como algo totalmente superfluo con lo que dejar volar la imaginación. Cada vez se llenaban más rápido y con mayor soltura y fluidez. Con el tiempo, llegó el final de bachiller y tuve claro que lo mío era la Publicidad. Bueno, no tan claro, yo lo único que sabía era que “quería hacer anuncios”, pobre ilusa...

 

Fue entonces cuando descubrí que había una carrera para esto y me enamoré locamente de la publicidad, y cuanto más la conocía, más cuenta me daba de lo equivocada que estaba pensando que esto consistía solo en “hacer anuncios”. Descubrí todas sus ramas, y decidí plantar mi nido en la de la creatividad, con el tiempo, me di cuenta de que el abanico aún se podía desplegar más, y supe que lo mío era la redacción publicitaria.

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